domingo, 4 de noviembre de 2012

El Dr. William Fry, –el “doctor del humor”– ha dedicado más de 30 años a la investigación de las potenciales propiedades terapéuticas del humor, la risa y el buen estado de ánimo.
El humor cambia a la persona. El poder de su efecto no se detiene debajo del cuello... El regocijo va acompañado de perturbaciones en todo el organismo y alcanza nuestro auténtico ser biológico, físico. Nos rasguea como si fuésemos una enorme guitarra.”
Define la risa como una “experiencia orgánica total” en la que participan todos los principales sistemas, como el muscular, el nervioso, el cardíaco, el cerebral y el digestivo; se produce en dos etapas: estimulación de la salud y relajación profunda.
¡Tan profundo es el efecto de esta reacción en dos etapas que en ocasiones se la conoce como masaje interior!
Constituye un buen ejercicio aeróbico que ventila los pulmones, a la vez que calienta y distiende los músculos, los nervios y el corazón. La risa, al igual que un ejercicio físico, acelera el ritmo cardíaco, eleva la tensión sanguínea, hace más rápida la respiración, expande la circulación y fomenta la entrada y salida de oxígeno.
Ha demostrado que los ataques de risa, es decir, las carcajadas prolongadas, ejercitan no sólo la parte superior del torso, los pulmones y el corazón, sino también determinados grupos de músculos situados en los hombros, brazos, abdomen, diafragma y piernas.
Entre 100 y 200 espasmos diarios de risa equivalen aproximadamente a 10’ de remo. De ahí luego las agujetas en el abdomen y el dolor de mandíbula.

No hay comentarios:

Publicar un comentario